martes, 8 de noviembre de 2011

Allen Y Bergman

Teníamos VHS en la casa. Mis padres se hicieron algo así como adictos a Woody Allen. A mi me arrendaban esas de terror y sangre salpicando la pantalla, para mis noches huérfanas. esa vida pequeña burguesa que se repetía en casas aledañas.
Pero el tema es Woody Allen, en primer lugar. Me atraía, yo tenía 9, 10 años, apenas podía hilar una película de otra, apenas sabía de guiones, después de ver Tom & Jerry o el chavo del ocho, cuadros que se repetían terriblemente cada tarde.

A mi me gustaba de Allen, su humor con las mujeres, como las atraía, el humor ante la muerte y su calvicie, su manera neurótica de hijo de madre judía.

Con el tiempo me transformé más en lectora que cinéfila. los libros me llevaban a recorrer perfiles con un método propio, único, personajes dentro de sus paisajes. Además de la música que como espectadora no lo hice tan mal, eligiendo lo bucólico- extasiado. entre la herencia y la identidad.

A mis padres seguramente les atraía como era que funcionaban las relaciones en pleno corazón de los 80, las relaciones en todo su esplendor, por eso iban alternando con Bergman, al cual me acerqué apenas descubrí los rostros de tragedia sueca de mi familia. junto a Allen y Bergman ya teníamos nuestra tragicomedia.

Ahora me desespero un poco de no tener o conseguirme todas las películas de ambos directores y verlas desde el ángulo neurasténico de mi devenir.

Con Allen salté a su nueva etapa: Match P0int, Scoop, Conocerás al hombre de tus sueños,geniales por el tono en torno a la moral que todos buscamos, como nos maneja cual títeres ante asuntos simples a la vista, pero terribles al pensamiento. El crimen, elegir lo "conveniente" para vivir, lo que prevalece en la vida de cualquier mortal. Y ahi está Allen respondiendo al público que lo condena, no por haber cambiado de musa por otra y casarse con ella, sino que por hacerlo con su hija adoptiva.

Bergman se me presentó nítido en Fanny & Alexander que retrató una parte esencial de mi infancia, el miedo, el cambio abrupto de las relaciones adultas, el bien y el mal y la sombra detrás de la pequeña humanidad. las relaciones con escaso humor y la fiesta y ritos que lo reemplazan, ritos que no tenemos en este continente.
Y tuve que ver Saraband que ya es nostalgia de las musas de Bergman, en un paisaje de bosques y llantos en relaciones aparentemente normales pero de una complejidad abismante. la resignación y tranquilidad de Bergman. Su última película, como un reality de su final.

Tengo 43 y sueño con tardes enteras de Allen y Bergman en mi pantalla risueña , profunda, intensa en la visión.

Para entender a Bergman, a los 16, leí Linterna mágica pero era novata y años de litio me hicieron perder memoria. Pero lo poético de este director quedó en mí como un problema tácito en mi manera de abordar la poesía en el futuro, que es éste.






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