Pareciera que esto fuera un diario, no una demostración de cuanto sé de poesía o de cuando el duende, musa y ángel de García Lorca aparece a darme alunizajes certeros, a veces.
Estos días he leído la historia de la dictadura y sus intrincados caminos de inteligencia. El libro histórico de Mónica Echeverría: " Krassnoff, arrastrado por su destino" es desoladora, cargada de un pasado potentemente nazi que merece una película para delatarlo doblemente como el peor asesino y torturador de " nuestra" dictadura.
Terminé odiando un poco a la D.C por ser la clase oligárquica que le siguió el amen a la barbarie para obtener perdón y olvido.
Leí sobre la flaca Alejandra, el pasado socialista de Romo. Testimonios que nunca dejaré de oír
El cielo, este cielo de estrella y sangre siempre ha tenido un firmamento de voces y gemidos que aun trashuman en su dolor.
Todos los nombres, chapas y operativos de "inteligencia" han pasado por mis ojos.
Yo tenía 5 y vivía en Temuco, mi padre fue relegado y castigado en Loncoche, siendo médico, sin poder salir de una posta vacía. Los años siguientes viví el horror paseándome con compañeros de juegos en terrenos eriazos, donde cualquiera podía estar enterrado bajo mi niñez y adolescencia.
Tanques, autos azules, hombres con camisas y lentes oscuros, metralletas la vista, estudiantes desaparecidos, la resistencia sangrienta, calles que recorría siendo niña para ver los ojos de zombies que ya no podían mutar a la sonrisa.
He leído, y seguiré leyendo, la historia de mi dictadura para no contar ni creer jamás, bajo esta mentira enterrada y descubierta, en un Estado perverso y amnésico.