miércoles, 26 de octubre de 2011

escrito en la micro

Conozco esa parte de la ciudad-ambulancia en que las sirenas parecieran llevar siempre urgentes descabezados sangrantes.

Conozco esa parte de la ciudad donde se duerme bajo los zumbidos de aviones despegando

Conozco esa parte de la ciudad donde despiertas con ese olor a gas de la estación central.

Sé el lugar donde nadie te ve salir de un motel bajo la luz azul de la madrugada sobre la plazoleta dormida.

Sé de un pasillo que corre detrás de un huérfano que te pide cigarros.

Sé de ese ámbito de la ciudad donde los jardines parecen sacados de un video de soungarden, plásticas y brillantes hojas de ficus bajo una cámara que lo vigila.

Sé también de mercados y bares con mozos jorobados.

Lugares donde los vampiros se van a mirar mientras el pisco sour alucina con rostros que jamás verían en sus trayectos al trabajo.

He estado donde las miradas aun caen sobre mi memoria. congeladas miradas de mi eternidad.

He cruzado puentes bajo autopistas con miedo a la sombra de un poste, solo sintiendo mi jadeo y corazón y al final he paseado con vagabundos conversando acerca del infortunio.

Conozco la marea de las calles y sé cruzar en diagonal hacia donde me lleva el peligro.

Vivo en cafeterías con desinhibición al escribir como si fuera una carta a un desalmado que no existe, ante la vista de quienes se sientan a mi lado.

He entrado al museo y llorado en una de sus salas a mediodía porque ahí me alcanzó el pánico del ruido y caminos perdidos.

He visitado el zoológico y su cóndor golpeándose contra las paredes, monos contemplando la ciudad y libertad, al oso polar dar giros neuróticos alrededor de su roca. sé de aves rosadas y arañas odiando sus espejos.

He vagado por barrios donde apenas puedes caminar porque los automóviles dinamitan veredas. terrenos baldíos, flores silvestres. Ejecutivos rumbo a la flojera. mujeres pintando rostros en el espejo retrovisor tapando el sueño anterior sin ver la sombra de sus tacones.

Torres impecables y obreros gritando amores. Espejos + espejos que duplican la ciudad y el canal, faros que se pierden en olas de ventanas.

He varado en paraderos asesinos, esquinas prohibidas, perros que saben el camino. taxistas lentos y libres. veloces motoristas con el solo objetivo de la muerte.

Sé de gatos negros siempre esperando al que aparece desorientado doblando una esquina para cruzarse en el gesto de la superstición.

Me conozco en esta ciudad que me trae al rincón del final.

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