el inicio de un día domingo inevitable es interesante; ese no saber si se viene muy tedioso o con sorpresas.
comenzar pensando que un domingo será espantosamente largo, spleen y derretido, es vivirlo así, tal cual, las 24 o 12 horas que lo llenan, por toda una vida.
mis domingos, desde hace años no son de hacer actividades histéricas para evitar el sonido silencioso que es obvio. veo siestas en las ventanas en todas las estaciones, calles desiertas o en algunos puntos del pueblo, familias evitando la casa recalentada o el frío a parafina; niños con la cara pintada y globos con figuras y el parque soportando pájaros nerviosos o cercanos; grupos haciendo pasar un día con su nombre muy marcado: SUNDAY/ DOMINGO, dejando su descontento con desechos en basureros repletos.
hace tiempo que siento que es un día más con su nombre casi bíblico y que no me afecta particularmente, ya no me molesta la música habitual enredada entre casas, no extraño el hábito de la semana, las voces de fiesta de casas contiguas, los sonidos solitarios perdidos en el aire.
escribir me salva de penas, transcribir de otras más; almorzar en grupo es un goce y lo que viene después puede ser un amor y una cerveza, el atardecer como espectadora de la pesadumbre de familias con coches, y pic-nic, regresando en metro, micros , autos, preparando lo que pensaron toda tarde , inútilmente cuando retozaban; incluso pensando en los jefes de día lunes, las tareas dejadas a medias el viernes de euforia escapando como aves a la bandada, ese viernes alado que ya murió hace siglos.
y la noche, para quien no tiene que partir el día siguiente a primera hora con el mito de no poder revivir, es distinta. es una noche de sueños o pesadillas sin expectativa.
esa última noche miro estrellas o la luna difusa o inexistente y vuelo a mi mesa a pensar y escribir sobre amor, abismos, árboles dormidos en nidos, túneles.
yo no olvido el domingo ni lo evito. no hago resistencia; por lo demás no tengo que recordar una noche anterior de alcohol y diálogos que se enredan en los ecos de mi voz, yo no mato el domingo con noches tristes de los sábados por la noche.
muy joven viví eso y no me atrevía a desafiar las calles siempre "yendo de la cama al living".
calles que podrían haber sido una maravilla de soledad, la soledad solo para mí, exclusiva en mis manos...
aprendí a mirar el forestal desde los ojos de los títeres, funciones, titiriteros trabajando monedas para la semana, arte callejero. aprendí que es un día de trabajo en las ferias persas, vendiendo afiches y cosas... aprendí también a levitar por la casa, sintiendo algo de presente.
y como dice mi Vinicius da Moraes en su tema "El día de la creación" (
O día da criaçao.)
" Hoy es sábado y mañana domingo
al mañana no le gusta ver a nadie bien
Hoy, que es día del presente
el día es sábado!
Imposible huir de esta dura realidad"