sábado, 7 de enero de 2012

sin naturaleza

sin naturaleza, aunque sea esa flor entre cemento y cemento en veredas, yo sería una newyorkina neurótica tratando de escribir la obra maestra, sin resultado.

en este país no sé porqué, la naturaleza se recicla, vuelve a nacer, a pesar de los pesares. aunque los ecologistas nos amenacen con el fin del agua, siempre hay un paisaje, un lago virgen con su monstruo viviente en el fondo, que cada ciertos ciclos sale a despertar el mito.

" sin flores, sin enredaderas", escribí hace años, "esta vida mía sugiere no seguir"

los obreros con dolor talan árboles en pos de inmobiliarias, árboles que alguna vez les dieron sombra a la hora tediosa de la siesta, vianda y cigarro.

las abejas rondan mis talones y saco lancetas dejando el veneno sanador. elixir.

mi padre riega su jardín japonés con extremo cuidado

yo asalto lavandas que luego aplasto en cuadernos y regalo, desapegada.

también tengo el vívido recuerdo de mi vida en el sur, siendo niña. Mapuches a mi lado o rodeándome en  sus rucas y telares. ellos trabajaban con trueques y mi padre nunca quiso recibir una tierra a cambio de sus servicios médicos, ante urgencias en paisajes lejanos.

y siempre el mismo final, el bombardeo a la moneda, con víctima adentro, víctimas afuera; tuvimos que olvidar que Chile era una tierra larga y delgada en celdas sin un cactus siquiera.

siempre el mismo final. la historia, la que pisotea flores y las rosas plásticas en nichos de N.N que no tocan tierra sino cemento entre concreto.

fosas comunes donde los gusanos después infectaron la tierra y no brotó ningún aromo cerca, ninguna sombra en esos parajes áridos.


" sin flores, sin enredaderas
esta vida mía sugiere no seguir"

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