Creía que todo sería igual en mi pueblo de pasajes y pequeñas trincheras jugando a la guerra. Que la piscina de plástico jamás inundaría mi infancia.
Nunca crecí, en cambio si creció este lugar, avanzando hacia la cordillera.
Sentía que mis pies clavados sobre abejas sería la tarea eterna: agacharme hasta encontrar el veneno y vencerlo. luego acariciar la abeja muerta por defenderse de mis juegos contra la tierra.Hacía funerales con sus alas adheridas al cuerpo que se iba esfumando en el pasto.
algo me dijo que el cuerpo se estiraba, que podía alcanzar una noche la altura de un ciprés para besarme con la otra boca caliente.
algo en el sol aumentó el brillo sobre los tejados y las sombras girando deformaron mi planeta cuadrado deshaciéndose en espiral
Mi mechón blanco a la izquierda de mi rostro. ya si la sonrisa habitual sino con gestos estudiados de seducción vacía y llena.
el temor de no partir joven a una tumba y olor a madera hicieron que habitara por fin en mi casa en un árbol.
ahora quiero saber lo que no vendrá, no saber lo que se avecina y seguir caminando con mis botas la ciudad sin destino
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