sábado, 5 de noviembre de 2011

dinero

La moneda tiene dos caras. eso lo saben hasta los perros.
En una cara se estampa mi obsesión por el rostro adquisitivo de cigarros, café y educación. y en la otra mi desdén por las otras cosas que no necesito: muebles, mesas de centro, sillones y viajes.

una vez escribí:

profundamente profundamente feliz me dice esa voz de la afonía.
cuando no brilla la espalda burguesa del ala que me vuela
cuando no me seduce la moneda en la fuente
digo
profunda/mente feliz...

y ese era el comienzo de una libertad que comenzaba a huir hacia la montaña. Pero como un ermitaño me aconsejó no huir de nada y aun menos de mí, me fui quedando en la ciudad, haciéndome andrajosa. solo me faltaba la inconsciente gravedad del que recoge objetos, su bolso y la frazada para la noche descubierta en mis plazas y faroles.

Trashumé por trabajos mal pagados, me sentí como una virgen mal vestida, barrieron mis objetos, mis iconos anhelados y los finiquitos eran sin fin.
ahí fue, creo, que me bañé en una pileta junto a una estatua que me indicaba que yo era corpórea como él. y también me sentaba a conversar con delirantes y veía títeres toda la tarde, la misma obra que aprendí de memoria.
Me entendía con perros y niños que curiosamente poseen un lenguaje de señas y gestos que pueden hacerme sentir la pena y la alegría más enormes.

Caminé por el pasto descalza y escribí hojas muertas cada vez.

Alguien o algo me hablaba de sistema. ¿y que era el sistema? ¿Tomarme un helado sentada como todos y la propina en la mano? ¿era sonar bip! en los buses? ¿era marchar por la gratuidad? ¿que era el sistema?

Era yo con las dos caras burguesas de la moneda, no poder ir a hacia las cuevas de mis ermitaños sin miedo. no poder fugar mi existencia a la vacuidad. en cambio salto al esquema de la expresión sobre el mundo y sigo discutiendo sobre capitalismo y esquizofrenia.



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