mi sangre es leve, a los 12 llegué del colegio, dejé mi bolso en mi cama abandonado y fui al baño, como siempre, ese acto mecánico del hábito. mis pies ya tocaban el suelo, eso ya me impactó.
el papel higiénico a la izquierda y mis amigos imaginarios saliendo a saludarme.
me subí el jumper bajé mis braguitas vencidas y vi una mancha de un color que no era el que me habían prometido en las clases de biología, al pasar, ni el color de la sangre de cristo dictada en clases de religión. era una mancha dudosa.
llamé a mi nana medio desesperada. mi madre era una ejecutiva que no estaba precisamente esperándome ni viendo teleseries.
mi nana vino con el paño de cocina secándose las manos. tuve que mostrarle con pudor y me dijo: " te llegó la regla,toma esto, esto y tu mamá cuando llegue te explicará mejor".
mi madre regresó al anochecer de invierno siete de la tarde, cuando ya habían pasado horas de auto rituales imaginarios por mi primer día y me dijo: " Ok. toma esto y esto y no quiero ver sangre en ningún rincón, lavas tus braguitas a mano y las cuelgas al sol. todo vestigio lo borras, aquí hay hombres y no tienen porqué ver tal desangramiento pecaminoso, hija"
flores? nada. eso era para mis amigas que les ofrendaban rituales cuando les "llegaba la hora fatal". chocolates, lágrimas de mamá por despedirse de la niña que recién había peinado con elásticos en la mañana.
a mi: un pergamino de reglas que hasta hoy sigo al pie de la letra con sangre, mi sangre.
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