
Un cuadro que desde niña he visto colgado en alguna muralla en la casa de mis padres
[ "muelo y rehago habitando el tiempo" como dice Silvio]
Costumbrismo que dejaron aparte en el tercer piso. fijo mi ojo en ese olvido.
Parecieran huir de una guerra lentamente en un grabado apesumbrado sobre un puente de tierra y ladrillo.
En el segundo piso están nuestros retratos Dorian Gray y el caleidoscopio de fotos familiares que adquieren movimiento si las miras de reojo.
en los descansos de la escalera, gatos con pincelazos infantiles.
en mi pieza un retrato de mi madre a carboncillo que no saqué, mi Whitman y mi familia palestina sujetando la sonrisa musulmana.
esa pared es extraña, a la izquierda sepia, la derecha eléctricos azules, que es mi lugar, un ángel de Santos Guerra, un estante de libros y corazones de hierro y caliza.
en el primer piso te deslumbras con originales de Andrés Manríquez, Valenzuela Puelma, Valdovinos, Ulloa Burgos , barcos en la neblina, el sur bucólico donde escuchas un gallo. En el comedor Badal, algo de México. en resumen un lugar donde recuerdas por lo opuesto al lar campestre con el cuadro del niño llorón o calendarios con caballos despeinados al viento.
alguna vez fui a ver a mi padre a su consulta en calle dieciocho y lo sorprendí evocando en sus paredes, ese costumbrismo de Linares, gatos en el calendario, mi foto asimétrica cerca de su vista y un cuadrito de naturaleza ingenua, su ventana abierta, cigarros y café. como médico de pueblo.
el retrato a los pies de mi cama, un cuarto que intervine el día menos pensado, es el tiempo que pasa por mi sueño. la foto de mis hijos que siguen jugando en shot de la cámara y una virgen sucia y deslavada que me persigue en mi peregrinar pero que pareciera que guardo como que no quiere la cosa.
y mi altar de madera que yace embolsado en una bodega en el tercer piso al lado del cuadro de Gay " paseos a los baños de Colina"
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