miércoles, 28 de diciembre de 2011

astronomíastrología

A Michael Bywaters

Mi madre escucha "Air on the G. String" de Bach ,y me pregunta a mí, que estoy apegada a la ventana, si es que veo la luna y a venus; le contesto que no, me contesta que es porque está nublado.

me cuenta que Venus, esa noche, se vería más grande; de todas maneras si se despejara no la vería por superstición, nunca me ha gustado observar esos procesos astrales y agradezco a las nubes y no poder deslumbrarme, a pesar que rápidamente saqué conclusiones que mi ánimo ese día había correspondido a esos efectos..., quizás

me gustaría saber mucho más de astronomía, como cuando algo vislumbré o traté de comprender en un observatorio que visité junto a mi hijo menor, en el norte.
la cantidad de estrellas o las que alcanzaron mis ojos perplejos en el cielo de verano, no pudo con tanta información y signos.

Trabajando en una imprenta impecable, cierta vez, su director, un viajero y fotógrafo inigualable y excéntrico, me llamó a la sala de reuniones. Días antes, especialmente a él, le había llevado la publicación de una revista de astronomía, como un objeto interesante que había llegado a  imprimirse, desde el norte, del Observatorio Gémini,  y que yo había supervisado; una revista para niños, gratuita, distribuida a todos los colegios de la cuarta región.

Michael quería discutir, y ahí en la sala de reuniones cerca de la pizarra, me preguntó si yo creía en la astrología; pensé unos segundos como redactar claramente mi respuesta y le dije que todo en el planeta se regía por los ciclos de la luna y el sol, las siembras, las cosechas, todo tenía el ciclo de un año, aun en los polos con la vida extraña que ahí se presenta. Entonces esto influyó en el hombre en su concepción de los ciclos en relación a los buenos y malos augurios, etc. e indagar en el misterio más allá de la tierra: el uni /verso

se quedó en silencio y en verdad lo que estábamos hablando no era más que ciencia exacta en ese mismo instante en que la tierra giraba, y discutir sobre esoterismo no daba a lugar.

No le hablé de mis supersticiones. su asidero es un misterio, incluso para mí, porque mi astrología siempre fue incierta, nunca he tenido claro si soy libra o escorpión o mi ascendente en piscis... ni le pregunté bajo qué signo había nacido él.

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