quiero decir, no tengo un vestido. tengo cajetillas de Hilton y a veces cajas duras de Philip y cafés transgénicos de máquinas, lápices, cuadernos y teclado. aceite de almendra en las mañanas. no un vestido.
[alguna vez quise un caballo atado a mi árbol, lo veía tan viable]
Mis costureras se han ido, no puedo llevarles un trapo sin forma. eran tres: " taller de moda" tenían, donde yo agujereaba el tedio con alfileres de cabezas coloridas perladas. tijereteaba todo a mi paso. ellas se han ido y ya no me hacen vestidos.
me concentro en la mujer que acaba de desaparecer con su solera roja y pido con los ojos cerrados un vestido donde las piernas parezcan torres y los brazos, bahías y tus manos indagando el fin del mundo.
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