miércoles, 14 de diciembre de 2011

El almuerzo desnudo


"Si venía a visitarme algún amigo –y rara vez venían, puesto que quedaba poco que visitar de mí- seguía allí sentado sin importarme que hubiese entrado en mi campo visual –una pantalla gris cada vez más confusa y más débil-, ni cuándo fuese a salir de él." /William Burroughs

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Al principio éramos dos, el dueño de casa y yo. Luego llegó un tercero, un joven de ojos grandes e inquietos. El dueño de casa amablemente lo integro al almuerzo, acompañados de exquisitas y suaves cervezas Tekate. él aceptó.

La casa era luminosa, blanca, gentil, con equilibrios, a pesar de estar en tránsito con algunos objetos.

No fuimos en principio, ya sentados en la mesa de madera minimal, al grano sobre las relaciones y el amor; el dueño de casa estaba libre al mundo de sus afectos y deseos, que según él, se repartían entre la gente (mujeres) que él quería (afectuosamente) movido por distitos intereses; argumentó sus razones bajo la estrella de Lola Hoffman; dijo que ya no sufría y se daba esa licencia que merecía luego del desamor.

el joven estaba en aquella posición de hombre "separado por la vida", con una hija pequeña y con gestos nerviosos ante el diálogo descarnado.
Y yo, que sentía que había pasado ya por esos pasajes de los otros dos comensales, les dije, les expliqué, que mi forma de vida y los afectos no se dividían, eran uno solo, se alineaban sin tener un modelo a seguir en el amor. Esto en relación al sistema imperante absolutamente ezquizofrénico; además sugerí ciertos datos, ironizando, de porqué el modelo de " amantes" no me atraía, y es porque no he tenido la suerte de los beneficios que implica ese tipo de relación tan especial, como es que te regalen o arrienden un departamento para los encuentros clandestinos, un celular exclusivo y otros adminículos; esto para no tener que visitar moteles que por más disfrazados de amor que se presenten, resultan fríos y pocos personales para ese tipo de amor, que pude durar extensos y agónicos siglos.

luego la conversación giró violentamente hacia la muerte, porque a propósito del amor, le conté al dueño de casa una triste historia que le aconteció a un amigo en comun y su novia que se habia suicidado hacía pocos días.
el dueño de casa movia la cabeza de un lado a otro, sujetándose sobre las piernas, el joven guardaba un silencio preocupante, quizás que pensó acerca del tema del suicidio, y yo respeté la pausa. nos zambullimos en la muerte y el pasillo misterioso del cuerpo inerte después del último deseo.

Yo dije entre risas que mi "cielo" era la canción de Talking Heads... Heaven is a place..., una fiesta que no termina jamás, con los grandes que han muerto.
el dueño de casa se molestó un poco " cristina de qué me estás hablando, déjame cacharte, déjame hablar". me dijo: esto de aquí, el planeta, es más, el universo es todo,no hay más; le contesté que sí, que yo tenía conciencia de aquello pero mi vida en particular había sido traspasar o no el arco del dolor y deseaba profusamente esa fiesta. el dueño de casa no alcanzaba mi nivel irónico, y luego seria, le dije que en realidad, a raíz de un sueño revelador, yo sabía hacia donde iba el camino de mi muerte. no creía, lo sabia.
me dijo " solo quieres felicidad permanente, eso no existe", por lo mismo, le dije, porque no existe, es aquel mi último deseo.

el joven asintió tímido, el dueño de casa bajó la guardia.

pasamos luego de la tensión post mortem a conversar de poesía y música. el dueño de casa dijo que él no tenía el hábito mío de leer. le dije que el era músico, que su tema estaba acotado a la composición, dijo que había tenido experiencias traumáticas en su colegio respecto al tema. yo pensaba: " pero si tú eres un maestro, amigo". el joven dijo que leía historia y actualmente unos ensayos anti-borgianos.

luego el dueño de casa levantó la mesa, frunció un gesto, se puso en posición de descanso y nos despedimos.

en la puerta nos dimos el abrazo que siempre nos damos, el joven y yo emprendimos el camino desértico hacia Vespucio con un diálogo al principio tímido, luego lleno de risas geniales.

yo insistí en contarle a modo de cerrar el capítulo, que en el cielo me queria encontrar con Jim Morrison y Cobain y no con la winehouse . se rió. nos tomamos la micro, pronto me bajé, no recuerdo ahora su nombre, solo su rostro de joven sabio desconocido.

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