
"¿ Cuantos hermanos tienes?" pregunta uno, pregunta la gente, como si uno fuera además propiedad de la sangre de otro y viceversa.
Yo NO tengo un hermano, mis padres tuvieron un hijo antes que a mí, es bien distinto, y nos reunimos en la misma habitación.
durante mucho tiempo en la infancia, donde no existe el ayer el hoy ni el futuro, la infancia esa indiscreta condición drogada, jugábamos a los mismos juegos: limpiar mi cocina de latón, usar los ante jardines como trincheras para la guerra. Con autitos " Matchbox" que eran su propiedad y algunos pocos míos, como el escarabajo con un piloto alemán bigotudo; al "lego", con algunas de sus figuritas conseguidas por ahí, con mi tocadiscos en miniatura, con mi perro de peluche gastado, que operábamos con agujas e hilo; andar en bicicleta como kamikazes hasta chocar, películas de terror y de culto, casi abrazados.
ese era un hermano. llorábamos la misma desventura con algunas diferencias, acerca de lo que venía. lloraba por él porque siendo dos años mayor que yo, sufría involuntariamente de una memoria traicionera . el día del golpe y los tiempos que siguieron, él tenía siete, yo cinco y la memoria de un septenio es implacable. yo tengo recuerdos, flashbacks de lo que vino después:vagar con mi madre por Santiago, buscando un destino. él vio cuerpos llevados por la represión de nuestro barrio en Temuco.
vuelvo al hermano. ese era un hermano. compartíamos juegos la mayor parte del tiempo como contaba; la otras horas el leía sus revistas "Mampato" y yo dialogaba con la soledad de mis amigos imaginarios.
la juventud hizo con el hermano la ausencia normal. nadie quiere seguir jugando al modelo americano ( american beauty) y salió a la calle. lo veía trashumar con otros, pero sufría porque mis padres usaron la clandestinidad en un barrio militar, sin amigos. además les disparaban postones asesinos a los pájaros en la plaza y sé que mi hermano aguantaba las lágrimas. yo huía de ahí y eso en una niña era legítimo, dentro del sistema de la guerra. las miradas de esos jóvenes era perversa, hijos del terror, que hoy en día son padres del horror, supongo.
el hermano y yo nos fuimos jóvenes de ahí, mis padres se fueron al poco tiempo. la familia se dispersó en normalidades propias de la clase media quebrada de este país. el hermano viajó y se perdió y yo quise seguir un camino más lejano, huir al pueblo de siempre jamás, a la vida, a las carreteras.
y volvimos a encontrarnos adultos.
lo demás, lo de la adultez de hermanos es una desventura. otro capítulo,otra foto con movimientos desdichados
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