aprendí desde los seis años a sacar punta a mis lápices con Gillete. así la mina resultaba con un grosor o fineza justas para pintar muchas hojas. pero siempre mis yemas traspasaban el impulso y debía llevar los dedos, cada dedo, envueltos en papel higiénico doblado muchas veces.
todos estaban acostumbrados a verme vestida así, con papelitos enrollados y pintas de sangre confesando mi mal oficio.
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