lo que sucede es que reciclo viejos cuadernos y blocks y lo que esté a la mano. yo sin ellos soy una transeúnte perdida mirándome en las vitrinas.
es simbólico tirar un libro al mar, porque no se vende ni se le tira en la cara al no-lector, ni se aclara en una mesa sobre un escenario que el libro merece ser leído por a,b,c motivos.
una vez lo hice, el " Tijeras Turkas", mi primer libro, había llegado a mis manos vía Paraguay y coincidentemente me iba de viaje al mar, a cicatrizar heridas con sal. lo lancé al mar. algo de vino me alentó además a lanzar el libro de Gonzalo Millán " relación personal". ambos se abrieron y se empaparon y fueron a dar al desteñido destino de mi próximo libro.
soñé que que desde el mar me era devuelto tras un tsunami un libro desteñido de sal, lo tomaba y recorría las dunas llorando y al final una especie de espíritu extraterrestre me consolaba diciendo que no importaba que las letras no estuvieran, que ya había cumplido mi misión.
esa misión no la perdí de vista y nada podrá alterarla.
libro al agua
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