domingo, 25 de diciembre de 2011

historia de libros al agua

lanzar un libro al agua es una reacción al mar, que todo lo traga y trasmuta en UNO..

cierta vez me pidieron leer mi primer libro en un rito de mujeres reunidas para aprender el Tarot "Madre Paz"
me había invitado la profesora, la maestra, luego de haber vivido o muerto a  una experiencia ultra violenta y traumática,  lo hizo solo para sacarme de la ciudad, [ la bajeza de la policía de este país me golpeó "innecesariamente",como si tuviera que existir una "necesaria"...].
a raíz de esto tuve que tomar una serie importante de sicotrópicos que desalinearon aún más mi pedazo de alma y mantenían ese desequilibrio en la cuerda vibrante de mi mente.

ella me llevó al mar,a Quintay, tumba de ballenas,que hacía 20 años no visitaba.
llevé mi libros de cartón que generosamente me había enviado Cristino Bogado, mi editor, desde Paraguay.

leí en voz alta algunos poemas envuelta en confusiones y cuando bajaron a la playa a iniciar el encuentro con su rito blanco y fuego, en el que involuntariamente me vi envuelta,  llevé conmigo el libro y uno de Gonzalo Millán , "relación personal" , recién adquirido.
me estimule con eso de integrar la poética con las mujeres ritualistas,  quizás leer algo de Millán frente al fuego y la meditación, pero me fue imposible seguir la línea silenciosa, en mi condición,
quería sanar por último los últimos recuerdos, los golpes, la sordera heredada, el llanto impotente desde aquella noche infernal.

de pronto llegó el final lento del ritual y tiré mi libro al mar y en un éxtasis lancé también mi relación personal con Millán y el mar se los tragó.

yo me quedé en la orilla de la noche frente al brillo blanco de la espuma.

imaginé los libros hinchados de sal y agua, destiñéndose gradualmente; los imaginé naufragando en otra playa desierta o escarpada, hasta que desaparecieron también todos mis retratos posibles.

en ese mar he lanzado libros, hijos y yo misma me he bañado desnuda en mañanas de invierno, he visto seres entre la niebla que baja de las montañas y encontré a un ermitaño que veía con el tercer ojo del universo, uno que lagrimeaba de tanto contemplar. de hecho tenía ese mismo ojo en la palma de su mano, como el laberinto del fauno.
él te prueba a muerte hacia la sabiduría de la luz.

quisiera morir ahí para lanzar estas cenizas con mis propias manos.

sé que no nací sola. me recibieron en un pabellón repleto de voces y exclamaciones, pero en mi primer paso a la conciencia no había mas que un ejército con dientes de peros amaestrados y aquel miedo que arrasa con el amor.

libros y cuerpos lanzados al agua.

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