sábado, 17 de diciembre de 2011

ventanas

noche y focos. la iglesia apagada, la virgen lejos desde esta perspectiva. 
transcribo la realidad desde una ventana más del mundo. la ventana que sobrevivo.


La ventana que más me ha impactado es la de Oscar Wilde,  la de mis primeras lecturas, El príncipe feliz sin diamantes miraba desde su altura, a una madre cuyo hijo estaba enfermo. La golondrina que no emigró por la causa de una estatua compasiva y vigilante, saca un diamante de su ojo y la deja en la ventana del niño afiebrado.


Una vez conocí a una mujer que tenía la misma manía que yo de observar mientras camino por la vereda, a través de las ventanas encendidas, qué vida transcurría después de la persiana. gestos y familias sentadas en sus mesas, detrás un niño girando en tono al silencio, entre los arbustos.


Las ventanas son un habitar eterno. estas luces, estos focos. ciudades que van apareciendo dormidas. ventanas de casas a orillas de la carretera donde se ve madera, barro, tetera y figuras silenciosas apenas. la luz intermitente de la televisión.


yo observadora viajera por las ventanas del mundo. focos que alumbran la muerte detenida de pueblos que alguna vez se enterrararán bajo dunas.




se levantan violines y se levanta una urbe de su fiesta mientras la golondrina pasa de largo y me pide un sueño ,me deja un diamante de la estatua sin vida y me pide seguirla en la inmigración sin regreso a la bandada.





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