Muevo lo crónico a lo clónico. lo he hecho toda una vida desde que tuve en mí a un ser pequeño, nadando y germinando. golpeando esta pared orgánica. desde ese día en que escuché su próxima vida gritar por la libertad que le daría .
Hoy ese hijo me increpa por no congelar nuestro cordón umbilical y sanar su enfermedad / crónica. en estos tiempos de gen y tecnología hacia lo humano.
Hoy lo veo, lo amo desde su imperfección que lo convierte en sobreviviente o "superviviente" parafraseando a Jordi Lloret.
La historia de mi hijo es como otros humanos, transcribibles
podría contar, por ejemplo, la historia de alguien que pasa frente a mi banco, donde trás de mí corre el Canal San Carlos, que se confunde con el sonido incesante de motores y que va a encontrar inevitablemente a su malhumorado mapocho. ese hombre quizás perdió un hijo antes de muerto en el limbo y trabaja sobre su escritorio haciendo dibujos o figuras, tal vez para el infante difunto y la esposa lejos lo recuerda como mala fortuna de esa unión.
Podría inventar que la vendedora de artesanías brillantes, escondida en el lugar menos adecuado de una calle de clase ejecutiva arribista, salió de su casa temiendo a la policía y a su propio destino y sus pájaros de madera y colores se alzan al vuelo que no vaticina y yo sí.
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