sábado, 5 de noviembre de 2011

Sinta vibra loucamente

Sinta vibra loucamente em nós um vento forte torção da fibra.

(Siente como vibra locamente en nosotros un viento feroz retorciendo la fibra.)

Vinicius de Moraes

te vi mucho antes

Quiero hablar de ti conmigo y no tener que transcribir esto. es que la idea se dispersa porque elaboro etéricas respuestas, con tu rostro de ese atardecer. entonces lo escribo para fijar la memoria.

Yo te había visto mucho antes, en una mesa, junto a otros escritores, en una casona vieja con árboles y talleres. se fue haciendo de noche y me quedé viendo con timidez una performance de cuero y látigo ( siempre me he inhibido frente a la valentía del cuerpo de otros y sus significantes)

Luego te vi llegando a varios lugares y el saludo era un sutil gesto oriental. solo un pequeño rastro de reconocimiento.

Años después te sentaste en mi mesa en un bar desconocido, en un encuentro de poetas que no voy describir. el hecho es que el más interesante en ese lugar, sin hablar demasiado, ni leer lo único que hubiese querido escuchar, fuiste tú. pero mi compañero de entonces te lanzó un dardo antipático y tu rostro se alejó dejando olvidado un libro rojo, una antología que se me antojó meter en mi bolso y viajar con él a Paraguay donde se quedó a vivir.

Y en estos tiempos, el tiempo nos hizo llegar, arribar a una mesa sin ruido y una sola palabra que atropellaba ciertas intuiciones y eran menos simples que tu compleja estampa.

Pero yo te vi antes de encontrarnos esa tarde en la plaza, cruzando Larraín, te vi entrando a comprar los cigarros que no había, porque me equivoqué de micro y fui a dar casi con la montaña y me sonreí porque luego en el punto de encuentro llevabas la misma polera verde que había guardado en la retina minutos antes.

Eso...quería hablar de ti, nada más....

Siempre las palomas sobrevuelan o pisotean mis eternos diarios. esta ocasión cruza mi cuaderno una paloma coja. que ganas de ponerle una tablita y que pueda caminar en paz, porque a ellas se les olvidó volar en esta ciudad de alarmas y migajas.

Pero quiero seguir hablando de ti, porque creo que estoy errada y no debería adelantarme a sentir lo que sienten esas muchachas que camina solas, que olvidaron volar para construir con la bandada corrientes de aire que ayudan al planeta a cambiar (algo).

No debería pensar en tu rostro, tu palabra, porque lejos de hablar de ti, yo voy pensando, tejiendo, rememorando tus facciones o el acercamiento al beso, como esas chiquillas del siglo XX que ganaban el tiempo escribiendo diarios con las piernas cruzadas sobre el pasto con la mirada ingenua de la expectativa ante el abismo.

No debería pero lo hago, porque mis impulsos son justo eso que no he reflexionado y que de pronto apareció en tu cara que quisiera tocar con la lentitud del tiempo que nos ha visto recorrer caminos similares o paralelos hasta converger.

Ese encuentro jamás lo hubiese presentido porque eras inalcanzable para mí. una muchacha del siglo XX que poetiza.

dinero

La moneda tiene dos caras. eso lo saben hasta los perros.
En una cara se estampa mi obsesión por el rostro adquisitivo de cigarros, café y educación. y en la otra mi desdén por las otras cosas que no necesito: muebles, mesas de centro, sillones y viajes.

una vez escribí:

profundamente profundamente feliz me dice esa voz de la afonía.
cuando no brilla la espalda burguesa del ala que me vuela
cuando no me seduce la moneda en la fuente
digo
profunda/mente feliz...

y ese era el comienzo de una libertad que comenzaba a huir hacia la montaña. Pero como un ermitaño me aconsejó no huir de nada y aun menos de mí, me fui quedando en la ciudad, haciéndome andrajosa. solo me faltaba la inconsciente gravedad del que recoge objetos, su bolso y la frazada para la noche descubierta en mis plazas y faroles.

Trashumé por trabajos mal pagados, me sentí como una virgen mal vestida, barrieron mis objetos, mis iconos anhelados y los finiquitos eran sin fin.
ahí fue, creo, que me bañé en una pileta junto a una estatua que me indicaba que yo era corpórea como él. y también me sentaba a conversar con delirantes y veía títeres toda la tarde, la misma obra que aprendí de memoria.
Me entendía con perros y niños que curiosamente poseen un lenguaje de señas y gestos que pueden hacerme sentir la pena y la alegría más enormes.

Caminé por el pasto descalza y escribí hojas muertas cada vez.

Alguien o algo me hablaba de sistema. ¿y que era el sistema? ¿Tomarme un helado sentada como todos y la propina en la mano? ¿era sonar bip! en los buses? ¿era marchar por la gratuidad? ¿que era el sistema?

Era yo con las dos caras burguesas de la moneda, no poder ir a hacia las cuevas de mis ermitaños sin miedo. no poder fugar mi existencia a la vacuidad. en cambio salto al esquema de la expresión sobre el mundo y sigo discutiendo sobre capitalismo y esquizofrenia.



viernes, 4 de noviembre de 2011

imagine en 10 minutos

Entré a un lugar a comprar café, esos de máquinas instantáneas, y sonaba " Imagine" de John Lennon. La cajera la cantaba despacio y perfectamente, las personas levitaban con su bolsa de pan, yo sonreí apenas entré.

Nunca había tomado tan en serio esta canción. me parecía hermosa pero típica. una banda sonora que sonaba en los parlantes de todo el mundo. pero en un ambiente de consumo y exclavitud sonaba tan real, como si fuera posible imaginar que no soy la única que puedo soñar.

En 10 minutos escribo esto, tiempo que tengo antes de entrar a esas sesiones Harakiri psicoanalíticas en que tengo que imaginar que puedo ser Yo un mundo mejor.

Tomo de un solo trago el pequeño café, parándome al mismo tiempo de una silla metálica , porque soy sicoticamente puntual y creo que lo que gira no es el planeta sino la sombra del reloj y que podría causar una guerra en la pena de quien me espera. o sea puedo ser capaz de imaginar que una psicóloga me espera con la misma esperanza que Yo. ja.

Jorge González - Just Like Heaven (The Cure)

jueves, 3 de noviembre de 2011

solo se vive

la muerte es el espacio sin sueño. es abono para Oniro, alimento de basurales etéricos.

Creo haber estado al filo de la muerte una ocasión en que me atropellaron, un automóvil que iba contra el tráfico. volé y caí al pavimento y luego vi de de reojo la otra rueda que venía. me levanté, limpié mi chaqueta y en seguida me senté en la vereda temblando y revisando si tenía heridas. nada. la muerte estaba en otra parte.

Sí he escrito sobre asesinatos, perfiles de criminales, cárceles y castigos, confesiones. he sentido fluir en la ficción fluir la tibia sangre y hacerse costra antes de que me encontraran sin salvación. he presenciado muertes "naturales". he visto películas agónicas, a hombres que se les anuncia la muerte inevitable y grilletes hacia el gas. imágenes plásticas de muertos con ojos abiertos a la nada, he leído a la Bombal desde su urna, hacer el resumen de su pobre vida.

y no saber de qué manera expiraré es angustiante, pensando o divagando otra vez sobre el fin, y es que el deseo de caer a la fuente de la eutanasia por no decir suicidio, es una muerte que programa otros pensamientos y es el castigo desde las religiones sobre los estadios que se cruzaran después de desatarte de angustias. en una de esas, afirman, caes a una peor que sería como una locura eterna sin derecho a terapia.

la muerte todo lo vuelve complejo. vivir bajo vencimiento es algo que por momentos apura o demora tus ideales, algún sueño.
el paraíso terrenal se convierte en una huella que luego leerá la historia. somos bibliotecas con historias de finales.
(hasta esta paloma que aterriza en mi mesa me parece un augurio de muerte. pobre. ella misma es un mal augurio estando viva. y dejo volar la superstición...)

la muerte y yo somos cercanas. nos cruzamos en las escaleras cada una con sus llaves y como vecinas indiferentes solo hacemos el gesto de dar paso una a la otra. ella siempre se inclina hacia la pared y a mi no me queda elección y termino mirando el espiral finito hasta el primer piso en el vértigo.
ella vive en algún piso contiguo y su único sonido es el de campanas cuando baila y el mio es alguna música para evitar ciertos silencios deslumbrantes. ciertos episodios que rozan la vida al desnudo o una leve alegría frente a la osadía de vivir.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

hijos y ríos

Prefiero el Canal San Carlos al Río Mapocho. es una afinidad solamente. como que prefiera los sonidos respetuosos al insolente ruido. "simple" neurosis.

Muevo lo crónico a lo clónico. lo he hecho toda una vida desde que tuve en mí a un ser pequeño, nadando y germinando. golpeando esta pared orgánica. desde ese día en que escuché su próxima vida gritar por la libertad que le daría .

Hoy ese hijo me increpa por no congelar nuestro cordón umbilical y sanar su enfermedad / crónica. en estos tiempos de gen y tecnología hacia lo humano.
Hoy lo veo, lo amo desde su imperfección que lo convierte en sobreviviente o "superviviente" parafraseando a Jordi Lloret.

La historia de mi hijo es como otros humanos, transcribibles

podría contar, por ejemplo, la historia de alguien que pasa frente a mi banco, donde trás de mí corre el Canal San Carlos, que se confunde con el sonido incesante de motores y que va a encontrar inevitablemente a su malhumorado mapocho. ese hombre quizás perdió un hijo antes de muerto en el limbo y trabaja sobre su escritorio haciendo dibujos o figuras, tal vez para el infante difunto y la esposa lejos lo recuerda como mala fortuna de esa unión.

Podría inventar que la vendedora de artesanías brillantes, escondida en el lugar menos adecuado de una calle de clase ejecutiva arribista, salió de su casa temiendo a la policía y a su propio destino y sus pájaros de madera y colores se alzan al vuelo que no vaticina y yo sí.

mañana

" Las mañanas tienen utilidad" escribí hace algún tiempo, algo sobre ancianas lanzando migas luego de regar sus veredas y entrar en sus crepúsculos de tareas.

Mis mañanas tienen algo que pareciera el despertar de una jornada en otro ámbito que no es desde lo propiamente onírico, sino de un ajuste de cuenta con el infinito, sobre todo que ahora pienso me queda poco tiempo de tierra y palabra. es como anteceder la muerte en este aire fresco matinal, pasar a través de la gente que da vueltas alrededor de sus trabajos, nueva, vestida y planchada. O los que vienen de regreso de noches hacia la deshora.

La ciudad con dos ríos después del caudal bajo la luna, donde el duelo entre luz y sombra cobra víctimas y victimarios, en el que ambos van a dar al mismo basural.

Mis mañanas son, en cualquier barrio, de una amplitud y nitidez que no recrean el estado del sueño, donde las cosas se mueven de lugar mientras se duerme y todo afuera se desvela, sino de una claridad del mundo a la altura de un milagro: ¿ Cómo es posible que esto siga rotando si los gemidos se escuchan desde el fondo de la tierra, si los lamentos trasladan animitas en cada rincón del mapa?

y vuelve la mañana a transcribirse en este cuaderno "Colón", recordando el encuentro de un día anterior que yace en la memoria. un encuentro con la magia perpleja de libros, en la visión única de comunión entre dos soledades. Ayer. antes de esta mañana.

Primer Encuentro de Poesía de Mujeres en la Biblioteca Viva Sur

martes, 1 de noviembre de 2011

compleja

Desde lo más sencillo, desde que cae mi primera pierna y levanto el cuerpo cruzado desde mi pequeña cama, sé de mi complejidad.
Cuando pienso o me obsesiono con la mismo cuento crónico, sentada e el baño y el cigarro y el piso blanco de palabras, sé de mi complejidad, como los caleidoscopios con que aún juego. Nunca dejé de adorno o tirado en alguna bodega, mi círculo de cristales girando en el laberinto del ojo.

La complejidad no es virtud. Me dicen que simplifique las cosas, la vida, pero yo me instalo sobre los tejados como paloma citadina, expectante al viento y si es favorable para mi paso a otra cornisa: nunca lo es y debo descender a la mesa más cercana.

Las comisuras que heredé tienen un gesto ascendente y cordial. La gente en la calle cree que les sonrío y no se imaginan la de tragedias que voy desabotonando.

A veces miro el suelo y cuento las líneas que separan los bloques de cemento y luego alzo la mirada y me encuentro con otro Yo frente a mí, perpendicular a mi espíritu. algo le susurro, algo le digo acerca de sus preocupaciones, algo de luz emito para que no zozobre en esta isla.

Hasta mi abrigo es complejo. el negro nunca es parejo y las solapas se dan vuelta. Mi pelo se enreda con los tejidos y parezco vagabunda con destino a sus quehaceres urgentes.

Mis manos son complejas, demasiado grandes para ser de mujer. Ocupan a veces todo el cuerpo de alguien que quisiera sentirme pequeña. Repletas de cigarros uno tras otro, las muevo permanentemente como si quisiera indicar donde estoy, si estoy, si es que soy.

Los ojos se me enredan en los paisajes, los árboles se meten en el iris, el otoño borra la visión de otras estaciones. el verano me encandila y así....los otros ciclos me encuentran ciega tocando acordeones en esquinas lluviosas.

Mi mente es el resumen de mi tiempo: no envejece y las mismas dudas que tenía a los seis años las llevo ahora en relación a la geometría del universo.